Hace unos meses, concretamente en Mayo se publicó una entrada sobre un hermoso árbol que hay en el Parque de las Moreras, delante justo de la Casa de las Luces: éste es el ombú.
Comenté mi curiosidad por saber su origen y mi “casi” decepción al conocerla, esperaba que un ejemplar tan bonito tendría una bella o, como menos, romántica historia, así que me he puesto manos a la obra o mejor al ordenador y a ver qué sale; si no la tiene se la creamos.
“Cuentan que hace muchos años, en una época de pocos haberes y mucha necesidad había en nuestro pueblo un joven, que desesperado por no conseguir trabajo y poder ayudar a su familia decidió, como muchos otros emigrar, buscar un futuro lejos de su amada tierra.
Partió, con la esperanza de volver algún día, hacia tierras nuevas, en América, donde le habían comentado que abundaban las oportunidades para todos y que en poco tiempo haría la suficiente fortuna para volver a su querido Palomares.
Tuvo suerte y apenas llegó encontró un buen trabajo; era tan grande el ansia de volver que trabajaba sin descanso, todo para ahorrar una cantidad que le permitiera regresar y vivir con comodidad él y los suyos en la tierra que le vio nacer y con la que soñaba.
Quiso la casualidad que con él trabajara una bella joven, simpática, con la que pronto hizo amistad y como todos los días se veían, de la amistad pasaron a un profundo amor, fué una época de felicidad en la que seguía trabajando duro pero con la chica de sus sueños junto a él. Mas no olvidaba su promesa de volver, y cuando creyó que era el momento se lo comunicó a la joven pidiéndole que regresaran juntos y así poder continuar su bella historia de amor. La chica al escucharlo dudaba, lo quería mucho pero también amaba a su tierra y no estaba segura de querer abandonarla y marcharse tan lejos. Al fin pudo más el temor a vivir en un sitio desconocido, y entre lágrimas le dijo que no volvería con él. Éste, apesadumbrado, volvió solo, pero antes cogió unas semillas de un bonito árbol muy abundante por aquellos lugares y se las trajo.
Cuando llegó por fin a su querido pueblo lo primero que hizo fue sembrarlas, creciendo rápidamente y convirtiéndose en un bello árbol, el ombú, en el que dicen los más viejos del lugar que todas las tardes iba a sentarse bajo sus hermosas hojas y flores el joven a soñar con su amada, esperando el momento de unirse a ella en la eternidad.
Han pasado muchos años pero aún luce fuerte y robusto este ombú, seguro que si lo cuidamos y respetamos seguirá con nosotros muchos más”.



















